El Bufón se sentía nervioso; estaba a punto de conseguir llegar al final de aquella aventura en la que nunca imaginó que se vería inmerso. Ya había pasado lo peor, el enfrentamiento con el Tiempo, pero aún así los segundos seguían descontando. O conseguía encontrar a la joven de la dulce pena a tiempo y la hacía sonreír, o todos sus esfuerzos no habrían valido para nada.
Se puso a pensar… ¿Dónde podría estar metida? ¿Dónde habría estado todo este tiempo? ¿Desde donde le mandaba esos mensajes? ¿Seguiría igual de pura que lo que le habían contado? El Bufón en estos momentos era un mar de dudas. Pensó en el antes, pensó en el después… pero no lo había. No existía un antes y un después para aquella joven y para aquel Reino. Era tan sólo un corte que mostraba la sujeción a la esclavitud del tiempo, y sobre todo una muestra más de su carácter existencial. Lo que si había era un bucle que se había escapado. El momento real en el que las cosas suceden, el agujero entre ambos; un agujero que de nuevo es simple y llanamente la puesta en realidad de aquel pasillo entre dos habitaciones idénticas. Nada antes y nada después, nada por delante y nada por detrás para aquella joven de la dulce pena. Tan sólo en medio nuestro pasar que se escapa de lleno. La joven había perdido todo el tiempo que circulaba por aquel pasillo. No levantó cabeza desde el hechizo en el que quedó sumida. Y de repente, el Bufón recordó una frase que escucho a un gran sabio en uno de sus viajes: <<El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos>> Ahora lo veía mucho más claro. Tenía que conseguir encontrar todos aquellos recuerdos que la joven, inconscientemente, había perdido y habían quedado atrapados en algún lugar que desconocía. El bufón hasta hoy, se había dejado llevar por su intuición; y a pesar de que no le había ido mal, las ideas que hasta ahora estaban sueltas, encajaban a la perfección una por una. Ya entendía por qué el hada le dejó descansar en el rincón del nuevo mundo. Empezó a recordar, como si de flashes se tratara, los mensajes que le grabó a fuego en su memoria al entrar aquel día en su mente: <<Guarda algunos recuerdos de tu pasado porque si no, ¿cómo podrás demostrar alguna vez que no fue un sueño?>> El amo de aquel lugar, el Tiempo, nunca pretendió dejar dormida a la gente de su reino. Por lo tanto, todos los recuerdos tenían que encontrarse cerca, no podían haberse perdido. Tu última misión ahora es encontrar una caja que sirva para guardar y proteger los recuerdos y devolver la sonrisa a la joven. Hoy no tienes posibilidad de elección, el final al que debes llegar está escrito. El hada te guiará, y te ayudará en tu última aventura. Déjate guiar, y seguro que lo logras, siendo recompensado con el último de los elementos, que aún no has recibido… el aire. Sólo tienes que presentarte a las 15:30 horas, en el metro de Cartagena y dejarte guiar por el hada. Allí una pompa roja pasará a recogerte. Lo único que tienes que llevar es: objetos mágicos que encontraste a lo largo de tu aventura (mechero y bañador, el elixir ya te lo bebiste ayer…), y como dirían nuestras abuelas, SIEMPRE una muda limpia por lo que pueda pasar!!!, (cuentos y cultura popular);-PPP Suerte!!
El Tiempo supo como servirse de la indisciplina del Bufón, jugándole malas pasadas e intentando interponerse en todo momento para que no cumpliera el trato al que había llegado con el hada. Aún así, con ayuda de la pequeña duendecilla con alas y sus secuaces, consiguió el elixir.
Ya había pasado el primer nivel. Después de comprometerse con el hada cruzó el segundo, consiguiendo así el tercer elemento (agua) y la pócima que le daría la fuerza necesaria para llegar al final. Pero aún le quedaba una tercera fase: conseguir rescatar el Reino del tiempo detenido y a la joven de la dulce pena. Sólo tenía que encontrarlos.
Después de que el Bufón atravesara duras aventuras, decidió el hada (segura de que el sería capaz de logarlo), incentivar a Bufón de tal manera que encontrara su final de la manera más reconfortante posible. Así que se le ocurrió que después de todo el tiempo que llevaba encerrado en aquel “nuevo mundo”, solitario, neutro y aburrido, sería buena idea que el último de los elementos (el aire) formase parte de su recompensa, pues el Bufón toda su vida había destacado precisamente por disfrutar de lo inmaterial de la vida.
Primero, tendría que conseguir llegar hasta su objetivo, y después ayudarles a recordar el tiempo perdido.
Continuará…
1. El Bufón quería ganar esa batalla como fuere, así que puso todo su empeño en colaborar con el hada.
A las diez, deberás encontrar a la brujita que ayudará a continuar. Y así de hora en hora, tendrás que ir avanzando en tu aventura. De ti depende conseguir "o no" el elixir!
Recuerda, deberás empezar preguntando a la brujita, seguro que sabe como vendertelo!
El bufón optó por coger el camino de la izquierda. Daba igual, sabía que los dos le conducirían hasta el mismo final, su final. El hada ya se lo había anticipado, pero confiaba en su buen hacer para superar el último tramo, más duro o más liviano.
Estar allí metido, hacía que todo pareciese un espejismo, pero Bufón tenía la suficiente capacidad para no entregarse tan fácilmente al traidor. De hecho, ya le había ganado el pulso en dos ocasiones, (estar por delante de él gracias a las fotografías, y superar la cuenta atrás para encontrar el objeto mágico).
Pero la circunferencia seguía girando lentamente, y aunque el Bufón ya estaba dentro, el movimiento giratorio destacaba el hecho de que el tiempo estaba pasando aunque sus habitantes no fuesen capaces de percibirlo.
El lugar transmitía cierta calma. Aparentaba ser un espacio tranquilo y puro; pero algo flotaba en el ambiente. La gente del Reino del tiempo detenido, había sido absorbida, y salvo las dos menos diez de la mañana y las dos menos diez de la noche, permanecían allí envejeciendo a pasos agigantados, y lo peor de todo es que estaba afectando al pobre Bufón, cada vez se sentía más cansado y lento, y eso le impedía pensar con claridad. Todo aquello, sumado al mensaje que la joven le envió el día anterior a través del hada, cargaba de responsabilidad a nuestro héroe.
¿Quién se va?
¿Quién se queda?
¿Quién le duele más la soledad?
¿Quién le duele más la soledad?
Si tos’ los rincones de mi vida
tienen algo tuyo
¿Cuál es tu camino?
¿Cuál es el mío?
¿Dónde se encontraron?
¿Dónde se han ido?
Anda, deja que te acompañe
que no es momento de andar sola.
Con lo pequeño que es el tiempo
¿quién recogerá el perdío'?
Si tú me cuidas, yo me curo
mi cura es tu compañía.
Deja que te cuide las alas ... tu hada.
Anda, deja que te acompañe
que no es momento de andar sola.
Mis cinco sentidos son pa' ti
Mi tiempo pa' ti.
Mis manos pa' sujetarte a ti.
Y mi alegría pa' que la bebas toda tú.
Anda, deja que te acompañe
que no es momento de andar sola.
Déjame que te acompañe…
Por lo tanto, tumbado en una esquina, recostado, se quedó dormido… Mientras reposaba, el hada que durante todo su viaje le había sido de gran ayuda, entró en su mente, pues no podía dejar que se demorase más tiempo del debido. El final estaba escrito, y el Bufón debía llegar a tiempo.
Comenzó a soñar. Se veía bebiendo un elixir mágico, que le daba toda la fuerza necesaria para vencer al señor Tiempo. Ese elixir estaba formado por los cuatro elementos de la naturaleza: tierra, agua, viento y fuego.
Dos de ellos ya los tenía. Antes de entrar en el nuevo mundo, el Bufón caminó largas jornadas por senderos terrosos y todavía conservaba un poco de ello en sus zapatos; el fuego se lo proporcionó el hada al darle el objeto mágico. Pero aún le faltaban dos de ellos para conseguir el elixir: el agua y el viento. ¿Cómo conseguirlos, si no conoce el nuevo mundo?
Al despertarse contó al hada lo ocurrido, pues a diferencia de otros días, recordaba lo que había soñado. Ella veía que el Bufón estaba dando todo de su parte por recuperar el Reino del tiempo detenido, así que le propuso un nuevo plan. Si consiguiese uno de los dos por sí mismo, ella le ayudaría a conseguir el que faltaba para lograr la plenitud del elixir.
2. Prefieres seguir tu camino sólo. Esto retrasará tu final pues agota tus últimas fuerzas.
El bufón consiguió, el objeto mágico que el hada le había prometido. En cuanto lo tuvo entre sus manos, volvió para comunicárselo, con la curiosidad de conocer lo que le esperaría a continuación. El hada le desveló cómo continuar:
“Fue una buena idea que intentaras registrar mediante fotografías los dos momentos claves del dia (las dos menos diez de la mañana y las dos menos diez de la noche). Has ganado una batalla muy importante al Tiempo. Conocer en tan sólo unos minutos lo sucedido durante casi cuatro meses, te ha hecho avanzar bastante rápido. Pero debes tener en cuenta una cosa: tú mantienes la consciencia las 24 horas del día, y sólo conoces dos instantes; en medio se ha perdido una parcela de tiempo. Gracias a que has superado la "prueba de fuego", te introduciré en un mundo que te desvelará el final.
Ahora tu misión es entrar en ese tramo que se ha perdido. Jugarás con la ventaja de conocer el “antes”, e intentarás adelantarte al “después”. El nuevo reino en el que debes introducirte es un lugar puro, diáfano, donde nada ha sucedido todavía. La gente permanece inconsciente, y la joven de la dulce pena se encuentra allí. Seguramente esté oscuro, o tenebroso, pero el objeto mágico que has conseguido te será de gran ayuda en el futuro (llévalo siempre contigo). A medida que avances hacia tu objetivo lo irás viendo todo más claro. Ahora amigo, tienes que apresurarte e introducirte en el nuevo mundo.
Se trata de un conducto circular en el que según entres, podrás optar coger el camino de la izquierda o el de la derecha, terminando los dos en el mismo final. Eso sí, dependiendo de lo que elijas, te encontrarás unos obstáculos u otros.
Acabas de entrar en el nuevo mundo:
1. Si optas por ir por la izquierda, deberás lanzarte y cruzar una puerta.
2. Si optas por la derecha, serás conducido a una puerta que te llamará a ti.
Por fin había conseguido comunicarme con el hada. Había logrado educarla, y prometió que me ayudaría. Las hadas sólo hablan mediante melodías, transmitiendo lo que otros querrían decirnos pero no pueden. Digamos que son algo así como intermediarios.
Aquel día, el día que llegaba al ecuador de mi aventura sonó así:
Después de aquel mensaje, el bufón sabía que debía ponerse en camino rápido pues el “tiempo es pequeño”, y se estaba agotando.
El hada le dio una recomendación:
“TE FACILITARÉ UN OBJETO QUE TE SERÁ DE GRAN AYUDA EN EL FUTURO, PERO DEBERÁS ENCONTRARLO TÚ SÓLO, ALLÍ DONDE EL TIEMPO JUEGA CON SU INSOPORTABLE LEVEDAD. ENCUENTRALÓ LO ANTES POSIBLE Y VUELVE AQUÍ A CONTARMELO. TE ALUMBRARÉ A CERCA DE CÓMO AFRONTAR TU MISIÓN…”
Después de mucho caminar, el bufón llegó al Reino del tiempo detenido. Su aventura había comenzado, el camino polvoriento le había dificultado el avance y había tardado más de lo esperado. Pero todo ese tiempo sólo, le había permitido pensar a cerca de lo ocurrido. Ya que había optado por no cargar con viejos manuales, lo primero que necesitaba era analizar por qué la gente únicamente era consciente dos veces por día. El Tiempo, cruel, miraba cínicamente. Después de las dos menos diez del día, y de la noche, no dejaba un segundo para escapar de él, porque todo estaba marcado por su lógica. Para la gente de aquel lugar todo daba igual, porque las horas para ellos eran iguales. El bufón al conocer esta situación, decidió durante algo más de tres meses, fotografiar desde el mismo ángulo, en una posición fija, el trozo de calle que se veía desde una de las esquinas de su morada, siempre intentando en la medida de lo posible que las fotografías fuesen tomadas hacia las dos menos diez de la mañana y hacia las dos menos diez de la noche. Con todo ese material, lo que el Bufón pretendía era: en unos minutos contemplar el resumen de tres meses de vida, ganando al Tiempo una carrera importante. Después de analizar la evolución de esas imágenes, se dio cuenta de que todo se iba volviendo más y más inmóvil a medida que el tiempo avanzaba. Tenía que darse prisa si no quería que aquel reino quedase petrificado y a expensas del Tiempo por siempre. En cada una de esas fotografías, simplemente realizó una doble exposición, de tal forma que aparecían dos instantes separados en al misma imagen. En medio se había perdido una parcela de tiempo. Todo era igual, pero a la vez era distinto. En el cruce había un semáforo que está al mismo tiempo rojo y verde, alguien se ha movido en la otra acera, está en dos lugares a la vez, la sombra de un coche que pasa o ha pasado y una pareja está cruzando pero no sabemos de donde salen: ¿dónde estaban antes? O la pregunta es ¿dónde estaban después? Pero algo llamó la atención del Bufón. Un destello permanecía vivo pero inmóvil en todas las fotografías. Era lo único que, al igual que él, permanecía diferente pero constante a lo largo del tiempo. Así que ante la inquietud que aquel ente provocaba en él, decidió acercarse a ver de qué se trataba, pues nuestro bufón era de lo más curiosillo y estaba seguro de que podría serle de gran ayuda. Cuando llegó a la esquina en la que aquello se encontraba, no podía dar crédito a lo que estaba viendo. No podía certificarlo, pero ¡se trataba de un hada! Estos seres son mágicos y tienen la capacidad de guiar por el camino adecuado. Pero había un problema: no conseguía comunicarse con ella. “No vale escabullirse ni hacerse la distraída” – le dijo el Bufón. Pero el hada no contestaba. Recordó que en uno de sus viajes, su padre le contó que para que un hada te ayude, primero tienes que ayudarlas tú a ellas. Hay que educarlas, y se pondrán en contacto contigo haciendo música. 1. Si consigues encontrar cómo educar un hada y colgarme la ruta (el enlace) aquí, recibirás un objeto mágico que te será de gran ayuda en tu camino para resolver el enigma del reino. 2. Si por el contrario no lo consigues encontrar, te será muy difícil seguir tu aventura sólo.
En las tierras entre el más acá y más allá, existía un reino que pocos conocieron... Ahí es donde se desarrolló la historia de una joven de sonrisa melancólica y de un hombre de mirada radiante. Ella era llamada como “la joven de la dulce pena”, pues por el día se mostraba feliz y conforme con lo que le había tocado vivir. Pero cuando el sol caía, la melancolía se apoderaba de su ser, se paseaba por las calles oyéndose llorar mientras clamaba al cielo que la guiara hacia alguien quien de verdadera felicidad y comprensión la llenara. Aquella joven, vivía en un ajetreo constante, marcado por la rutina diaria, que poco a poco la fue apartando de todas aquellas cosas que hasta entonces formaban parte de su vida y que la habían hecho feliz. Desde años atrás, aquel reino había estado dominado por un gran amo y señor: el Tiempo; que hacía y deshacía a su antojo. Jugaba con los habitantes del reino, y en concreto con “la joven de la dulce pena”, que se mostraba subyugada ante él. El Tiempo había creado Las duras críticas hacia el amo se tradujeron de una manera algo peculiar. Un día, de repente, todos los relojes del lugar marcaron insistentemente las dos menos diez. Nadie se explicaba lo ocurrido. Ya nada tenía sentido en la vida de la joven, que se encontraba desubicada y perdida ante la falta de referencia. Parecía que el tiempo se hubiese detenido, y aquel reino estuviera paralizado, con las consecuencias que aquello podría acarrear. Todo era un espejismo. El reino había quedado encantado por el señor Tiempo para encadenar así a sus habitantes y manejarlos más aún a su antojo. Quería crear una sociedad aparentemente feliz, en la que no existiesen críticas hacia su persona. Pero no estaba parado, su circunferencia giraba lentamente. El movimiento giratorio destaca el hecho de que el tiempo estaba pasando, que aquel reino vivía dentro de un tiempo lineal que sucedía y en el que sus habitantes sucedían con él, pues aquel maleficio hacía envejecer demasiado rápido a sus gentes sin que ellos apenas se diesen cuenta. Una tarde- como tantas otras tardes- entre los reinos de aquel mundo, estaba merodeando el más conocidos bufón de todos los tiempos. Un hombre, que mucho de lo material no se preocupaba ni primaba. Su filosofía era ser pleno y vivir de lleno la vida; amigo de los célebres, era el mejor recomendado, siendo comentado que hasta al ser más triste la pena había quitado con tan sólo esbozar una de sus sonrisas. Aquella tarde -por casualidad- , oyó hablar del maleficio de las dos menos diez. Llegó a sus oídos, la existencia de una joven que hacía tiempo no era feliz, que no sonreía. El maleficio mayor había caído sobre ella, pues no era consciente de lo que alrededor estaba ocurriendo. El resto de habitantes, mantenían esa consciencia por lo menos dos veces al día. Durante esos dos momentos diarios, aquella gente volvía a “vivir”: las dos menos diez de la mañana y las dos menos diez de la noche. Sólo se oía comentar por las calles aquella frase: “un reloj parado da dos veces al día la hora exacta”. Lo que se empieza a escapar de esa lógica cartesiana era que las dos menos diez genéricamente era la hora feliz, y es feliz por la tonta y pasajera razón de que las agujas del reloj en esa posición esbozan una sonrisa. Aquel bufón, que tanto había escapado de lo material, que siempre estaba contento, comprendió entonces que era él quien ocupaba ese lugar existencial. La conciencia de estar atrapado en una lógica inexorable y bajo una certeza absoluta de que sólo él era consciente del movimiento del reloj, le envolvió en la obligación de ir a por la joven de la dulce pena, de sonrisa melancólica para ayudarla a sacar a su pueblo de aquel maleficio. Aquel bufón, era el único de aquellas tierras consciente de que si la circunferencia giraba, todo el tiempo contenido en esa circunferencia que sí daba vueltas, a pesar de que todas las horas eran la misma, podían resultar ser una hora feliz. Así, el bufón decidió encaminarse hacia el reino parado en el tiempo, para resolver aquel enigma. Ahora tú eres ese bufón, y tienes que tomar una de las dos decisiones (escribe tu elección y espera la respuesta):
2. Prefieres pensar soluciones sobre la marcha y aligerarte de esa carga dejando atrás viejos manuales.